Esto es una entrada de prueba

En torno a Telegram: participación, asimetrías, Podemos, construcción de autoridad e izquierdismo. Algo que no precisamente me emociona escribir, pero que necesitaba.


Cualquiera que milite en la formación morada estará de acuerdo en que no se puede terminar de entender el proyecto sin asumir la centralidad de Telegam en el desarrollo de su normalidad y a la hora de cimentar ciertas cotidianidades, estructuras y sentidos comunes. Esta herramienta ha pasado a adoptar una suerte de papel lingüístico a la interna en Podemos, y aquí, una lacaniana tendría mucho que decir. Seguramente nos recordaría que, en el fondo, es el significante el que determina al significado y no al revés.

Este lacaniano diría que Telegram se ha convertido en el gran conjunto de significantes (a lo organizativo) del funcionamiento del partido y nos advertiría de sus consecuencias. De estas consecuencias, en continuo diálogo con ciertas críticas y propuestas es de lo que aspira a ir este post. Creo que esto de la nueva política tiene bastante que ver, no sólo con nuevas formas de funcionar a la externa, sino con mejores maderas de organizar a la interna y en ese sentido Telegram es nueva política. Recuerdo a Pablo Iglesias en televisión publicitado la app. Supongo que para que estructuras tan grandes funcionen no sólo tiene que existir una motivación muy fuerte en el lograr, sino también una satisfacción sexual en el proceder y Telegram es indudablemente erótico. Habrá quien diga que si se usa no es tanto por su sensualidad sino por su buen funcionamiento -permite votar, editar mensajes, grupos grandes…- yo lo respondería que es cierto, y que el buen funcionamiento es parte del sexo.

Pero como toda practica sexual moderna (y si empiezo diciendo esto creo que queda claro que soy muy fan de Telegram), no sólo nos trae placer, sino tensiones. Ocurre, por ejemplo, que hay gente que participa mucho en los grupos de Telegram y otra que no, y esta asimetría es especialmente problemática. Recuerdo un bonito periodo, cuando había dejado las Juventudes Comunistas pero aun no militaba en Podemos. Era joven y feliz, iba a clase, atendía… ¿qué más se puede pedir?, pero a mi lado se sentaba una gallega (en su caso decir que es gallega es bastante relevante). Ella también venía a clase (hablo en pasado, aunque obviamente ella es responsable y sigue viniendo) pero no atendía, yo pensaba que era porque no quería, hasta que un día -y pese a la tendencia pablista de la lerense- me sedujo para meterme en un grupo de MJ, y a ulterior en otros de diferentes espacios del partido, ahora entiendo que si no miraba a la profesora, era porque no podía. Con esta historia pretendo hablar de una asimetría de entrada limitante a la hora de participar. Entiendo, por supuesto, que las decisiones relevantes se toman en las asambleas y que los grupos cumplen, en general, una función más ligada a la ejecución de las actas, con todo, existen dos tensiones no resueltas. La primera de ellas tiene mucho que ver con lo que comentaba de Lacan, el lenguaje define, aunque las decisiones sólo se tomaran en reuniones presenciales, las estructuras de poder informales se construyen, principalmente en las interacciones por Telegram. De esta forma, y lo digo sólo como algo a tener en cuenta, las posiciones de liderazgo van (no sólo, pero sí en gran medida) ligadas a la capacidad de participación. Esto no es necesariamente malo, si alguien participa mucho y además su trabajo es útil, me parece incluso deseable que sea alguien bien percibido. Lo que dejo de ver tan estupendo es el elitismo de la participación. No me gusta, y sólo advierto que si no está ocurriendo ya, pronto puede ocurrir, que haya quien, debido a que (por su disponibilidad) participa más  -ergo tiene un rol muy activo en el desempeño de ciertas cotidianidades, desde pedir lugar de reunión, a contactar con determinadas personas- pueda llegar a sentirse por encima del resto de compañeras en forma alguna (desde sentirse simplemente más útil, hasta verse como quien “realmente hace las cosas” entre una mayoría de “pasotas”). Si digo que es normal que esto pueda ocurrir lo hago en una forma de acto solidario con las que más participan, si yo estuviera sacando todo el trabajo, mientas que hay gente que aparece en una asamblea -con suerte en dos- y un par de manifestaciones, sentiría cierta aspereza hacía sendas personas, es normal. Pero no conviene permitir que esa aspereza evolucione. Cada una ocupa el papel que puede, y en el fondo cada cual tiene su utilidad (aunque esto es algo que trataré más adelante). Recomendaría -desde el agradecimiento- a las que más participan, que tengan también en cuenta la disponibilidad de cada una, algunas estudian, otras trabajan, y otras simplemente, no pueden estar constantemente pendientes del móvil. El segundo problema tiene que ver con que sea lo que ocurre con aquellas que, por heterogéneas razones, no pueden acudir a las asambleas. Creo que es crucial solidarizar con estas compañeras – de ahí parte la de la centralidad de Telegram, pero también hay que decir que cada una sirve a la medida de sus capacidades y que, si bien, el lenguaje ha de acomodarse a quien se comunica, este no debe corromperse para que solo algunas puedan comunicar, es decir, las asambleas han de segur siendo los organismos de decisión.

He llegado a escuchar, por parte de las que más actividad tienen (sobre todo por los chats, pero también en asambleas), que habría que ir limpiando grupos. Entiendo el planteamiento, pero le veo demasiados peros. Me parece importante saber en cifras la fuerza que tenemos, pero no creo que reducir la fuerza potencial sea la manera. No me parece malo que gente que no suele participar  esté en los grupos, (aunque para eso ya existen otras figuras y canales) peor sería que los grupos se saturasen de tonterías. Me parece bien que alguien que no pueda participar mucho, pero que esté interesado, tenga opción a contribuir. A lo mejor alguien habla muy poco, pero una vez manda un mensaje y es una idea brillante, me gustaría tener a esa persona. Si queremos un censo de “implicadas a tope” hagámoslo, pero no lo tracemos echando gente que, en el fondo, no molesta. En este sentido, no me parecería mala idea abrir un “canal de consensos internos” en Telegram. De esta forma, alguien que no puede leer habitualmente el grupo (o alguien que sí pero que quiere buscar algo rápido) podría enterarse fácilmente. Es que llega un punto en que el desprecio a la inactividad me recuerda a cierto izquierdismo, es como una suerte de “queremos quedarnos sólo las mejores, las que más participamos y al resto fuera del grupo o que espabilen”. En serio, si esa gente que está comparte nuestra lucha, pero por cualquier motivo participa menos, no creo que haya que aislarla. Es que al final, más que transversales acabamos siendo paralelas, paralelas a las viejas maneras, a las antiguas formas, a las toxicidades de un otrora no tan lejano… Más aun cuando Telegram es algo que puede exigir participación en cualquier momento.

De todas formas sí me gustaría hacer claras excepciones a lo que estoy diciendo: campañas y retweets. Creo que en momentos concretos, como cuando hay que sacar algo, sobre todo de redes (como cuando sacamos los Trending Topic), en que conviene estar -máxime cuando se pueden programar publicaciones en RRSS-. Igual que ocurre con los retweets, hay un canal casi especifico para eso, si quieres, te enteras, y no cuesta nada. Una cosa es no poder y otra, desgana. Aun así, creo que a esta gente lo que habría que hacer es animarle a participar, no reprochar, y mucho menos usarla para crear solidaridades entre las que sí participan (en plan “mira que mala es que no retuitea y nosotras si, somos guays y ella no, ja xd lol).

Y es que creo que este elitismo de las que participan mucho tiene consecuencias concretas. Al final se hace polémico el qué hacer con la participación y no como ser útiles, se generan unas brechas entre las que participan (muchas de las cuales miran con superioridad) y las que no tanto. Que alguien curre mucho es bueno, pero eso no le imbuye de ninguna autoridad, y creo que habría que recordarlo. Pienso que, y más sin analizar, no es bueno hacer divisiones de clase (en base a participación) dentro del grupo, somos compañeras y todas queremos lo mismo. Por favor, paternalismo tampoco.

De todas formas, y saliéndome un poco de esto, creo que a veces, perdemos un poco la perspectiva. Antes dije que me ocuparía de la utilidad, y me refería a lo siguiente: se supone que queremos censo para manifestaciones y muchos retweets cuando lo importante no son ni las manifestaciones, ni (por lo general) los tweets. Quiero decir, eso es algo obligado, pero ya está. Si hay una manifestación se va, y hay que estar activos en redes, pero no es para tanto. Ni, sobre todo ahora, [nuestra presencia en] las manifestaciones o las redes van a cambiar nada. Si queremos hacer algo, hay que hacer algo diferente, salirnos de la rutina del activismo tradicional de la nueva política, que de momento es muy nueva en la cúpula, pero se mantiene la sempiterna e ineluctable inutilidad (como falta de utilidad) de la militancia.

A todo esto, y para terminar, no deja de ser curioso que tenga tiempo para escribir lo que ahora estoy cerrando, y no para leer Telegram, pero bueno, nueva política…